
Cuando la tierra tiembla, la comunidad se sostiene.
De: Institución Educativa TITÁN
Para: Nuestra comunidad educativa
Dicen que una mañana cualquiera puede cambiar en cuestión de segundos.
Ese día, la escuela estaba llena de lo habitual: estudiantes recibiendo clases, otros en el restaurante escolar, algunos en sus actividades deportivas, docentes impartiendo sus clases, familias ocupadas en sus responsabilidades y demás personas haciendo que todo funcionara detrás de escena.
Entonces, la tierra comenzó a moverse.
Por unos instantes, todos sintieron lo mismo.
El estudiante que estaba en el salón sintió miedo.
La profesora que estaba frente a sus estudiantes también sintió miedo.
El padre que pensó inmediatamente en sus hijos sintió miedo.
Toda la comunidad educativa que estaba trabajando también sintió miedo.
Por un momento, no hubo cargos, edades ni responsabilidades diferentes. Solo había personas intentando comprender lo que estaba sucediendo y buscando estar a salvo.
Cuando todo pasó, poco a poco comenzaron las preguntas:
¿Están bien?
¿Dónde están nuestros hijos?
¿Necesitan ayuda?
¿Cómo se sienten?
Y entonces ocurrió algo que muchas veces olvidamos en medio de la rutina, nos miramos como seres humanos antes que como estudiantes, padres, profesores o trabajadores.
Algunos quisieron hablar.
Otros necesitaron guardar silencio.
Algunos estaban tranquilos.
Otros seguían temblando por dentro, aunque la tierra ya estuviera quieta.
Y fue entonces cuando alguien dijo:
“Quizás la tierra nos acaba de recordar algo que nosotros olvidamos con frecuencia: nadie sabe cuándo llegará un momento difícil, pero sí podemos decidir cómo acompañarnos cuando llegue.”
Porque la resiliencia no significa que nada nos afecte.
Resiliencia es poder decir:
“Tengo miedo, pero no estoy solo.”
“Estoy preocupado, pero puedo pedir ayuda.”
“No sé qué va a pasar, pero puedo apoyarme en otros.”
Hoy nuestra comunidad educativa tiene una oportunidad para recordar que una escuela no está hecha solamente de salones, escritorios, libros y paredes.
Una escuela está hecha de personas.
De estudiantes que necesitan sentirse escuchados.
De familias que necesitan sentirse acompañadas.
De personas que también necesitan un espacio para expresar lo que sienten.
Quizás mañana volvamos a nuestras actividades habituales.
Volverán las clases, las reuniones, las tareas y las responsabilidades.
Pero ojalá no volvamos exactamente iguales.
Ojalá recordemos que detrás de cada uniforme hay una historia, detrás de cada escritorio hay una persona y detrás de cada rostro puede haber alguien que necesita simplemente ser escuchado, pero también tiene capacidad de escuchar al otro.
Que lo vivido nos enseñe que, aunque no podamos controlar todos los movimientos de la vida, sí podemos decidir permanecer unidos, cuidarnos y tender la mano cuando alguien lo necesite.
Porque cuando la tierra tiembla, buscamos dónde sostenernos.
Y quizás la vida hoy nos está recordando que también podemos ser ese punto de apoyo para alguien más.
Somos comunidad.
Nos cuidamos.
Nos acompañamos.
Y juntos seguimos adelante. ⋆
EQUIPO DIRECTIVO TITÁN
